La industria automotriz nacional atraviesa una fase de fuerte tensión: la merma en la demanda interna, combinada con el ingreso de vehículos importados y el impacto de recientes políticas económicas, está provocando ajustes productivos en varias terminales. En ese marco, la planta de Renault en Santa Isabel (Córdoba) registró la salida de alrededor de 300 empleados, hecho que generó denuncias gremiales sobre “despidos encubiertos”.
Según gremios locales y fuentes sindicales que siguen el caso, los trabajadores habrían sido convocados a firmar “acuerdos” o retiros voluntarios que, denuncian, se habrían impuesto bajo presión, de forma que la empresa evitó contabilizarlos como despidos formales. Desde los sindicatos advierten que la maniobra es una forma de “depuración” de planteles que beneficia la eventual contratación de personal con condiciones salariales más bajas.
Frente a estas acusaciones, voceros empresariales de Renault afirmaron que las salidas se realizaron mediante “acuerdos de parte” o retiros voluntarios, y negaron que se trate de despidos masivos en la forma tradicional. La compañía, que en 2024 anunció inversiones importantes para su planta cordobesa, sostiene que las readecuaciones obedecen a cambios en la línea de producción y a la búsqueda de eficiencia operativa.
Analistas del sector señalan que la concurrencia de vehículos importados, muchas veces a precios más bajos que los de producción local, sumada a una caída de la demanda doméstica, está obligando a las terminales a ajustar turnos y personal. Además, las recientes reformas económicas y la apertura cambiaria impulsadas por el gobierno han fortalecido la entrada de importados y encarecido la competitividad de la producción local, según observadores y fuentes empresariales.
La Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA) y cámaras del sector han advertido en las últimas semanas sobre la necesidad de medidas de protección temporal de la industria local y de incentivos a la inversión productiva, para evitar desarmes de cadenas de valor y pérdida de empleo. En tanto, economistas advierten que la reconversión hacia modelos más exportadores puede tardar y no compensará en el corto plazo las caídas en el mercado interno.










