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Frontera abierta para un prófugo: el Gobierno de Milei facilitó la fuga de Flávio Bolsonaro

Flávio Bolsonaro tenía prohibido salir de Brasil y la Argentina le abrió la puerta: Migraciones lo dejó pasar con “documentación válida” y en 40 minutos ya estaba en un avión privado. El Gobierno primero negó que hubiera cruzado. Los hechos dicen otra cosa.

Flávio Bolsonaro no podía salir de Brasil. Minutos después de la proclamación del triunfo de Lula, el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes le ordenó entregar sus pasaportes —incluido el italiano— y le prohibió abandonar el país, en una investigación por presunto lavado de dinero. Sin embargo, el martes a la noche el excandidato presidencial cruzó a la Argentina como si nada, y lo hizo con la puerta abierta por el Gobierno nacional.

No lo dice la oposición: lo dice la Dirección Nacional de Migraciones. Según su propio comunicado, Flávio Bolsonaro, su esposa y sus dos hijas cruzaron a las 22:50 por el Puente Internacional Tancredo Neves, en Misiones, con “documentación de viaje válida” y “sin incidentes”. A las 23:30 ya estaban arriba de un Gulfstream G400 de matrícula argentina, operado por la empresa Baires Fly, con plan de vuelo a Guayaquil, Ecuador.

El avión sobrevoló Paraguay, Bolivia y Perú para evitar el espacio aéreo brasileño y aterrizó en Guayaquil a las 5:46 del miércoles. Según medios brasileños, allí cargó combustible para seguir viaje hacia Miami. Un alto funcionario del Departamento de Estado confirmó que la familia recibirá visas, y Donald Trump dijo que aprobaría su ingreso.

Lula: “Quien no debe, no teme”

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva calificó la salida como “un acto vergonzoso” y fue directo: “La familia Bolsonaro es eso. Brasil es la segunda patria; la primera es lamerle las botas a Estados Unidos”. También afirmó que “quien no debe, no teme” y que Flávio debería haber entregado su pasaporte.

Lula recordó su propia historia: cuando fue investigado tuvo ofrecimientos para refugiarse en embajadas y dejar el país, pero eligió quedarse y entregarse a la Policía Federal para demostrar su inocencia. La Justicia brasileña terminó anulando sus condenas y él volvió a ganar las elecciones.

Cuarenta minutos que nadie vio

La prohibición de salida de Flávio Bolsonaro no era un secreto: estaba en todos los diarios de la región. Que el organismo que controla las fronteras argentinas no encontrara impedimento alguno para dejar pasar al dirigente político más buscado de Brasil, y que en menos de una hora estuviera despegando de un aeropuerto argentino en un avión de una empresa argentina, no es un descuido. Es una facilidad.

Según publicó Diario Popular, una camioneta con patente brasileña entró a la pista escoltada por un vehículo policial. Y el empresario mexicano Simón Levy, vinculado al entorno de Trump, aseguró en el canal A24 que el presidente Javier Milei conocía de antemano la maniobra y participó en la coordinación.

Un aliado que dice no saber nada

Mientras todo esto pasaba, el Gobierno primero negó que Flávio Bolsonaro hubiera ingresado al país. Horas después, su propio organismo de Migraciones tuvo que confirmar el cruce. Ante las consultas, fuentes oficiales repitieron que no tuvieron “nada que ver”.

Cuesta creerlo. Milei se mostró junto a Flávio Bolsonaro durante la campaña, viajó en julio a Brasil para respaldar a su padre Jair —condenado por el intento de golpe de 2022— y este mes se reunió en Washington con su hermano Eduardo, radicado en Estados Unidos. Es, además, el principal aliado de Trump en la región, el mismo gobierno que ahora le abre las puertas al prófugo.

En el Congreso, el diputado socialista Esteban Paulón presentó un pedido de informes a Migraciones y la senadora Juliana Di Tullio exigió que el jefe de Gabinete, Diego Santilli, explique si Bolsonaro usó la frontera y el territorio argentino para escapar de Brasil.

El Gobierno debe esas respuestas. Un país que se presenta como defensor de la ley no puede convertirse en la ruta de escape de un dirigente extranjero investigado por la Justicia de su país, y menos de la mano de sus amigos políticos.

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